lunes, 8 de septiembre de 2008

El cervezita


Yo lo había visto hace tiempo, dos o tres años a lo sumo. Llamaba demasiado la atención, en realidad no por algo que hiciera, sino más bien porque no hacía nada. El cervezita se sienta en la esquina de San Martín y Propios. Está todas las tardes, desde hace mucho tiempo, tanto como para haber gastado el piso. Me contaron que se pasaba las tardes ahí porque, hace tiempo, él había entrado en la carnicería de la esquina y, mientras estaba adentro, un camión fuera de control se había subido a la vereda y había matado a su esposa y su hija que lo esperaban afuera. Una historia digna de un libro, una película o un post, al menos. Supuestamente el cervezita trabajaba de mañana y de tarde se sentaba ahí, a tomar cerveza. La semana pasada, gracias a Cámara Testigo (miércoles, 22 horas, Canal 12), conocí la historia del cervezita, así lo llamaron ellos. Ahí va: el cervezita es un tipo normal al cual, sí se le murió la esposa, pero no en un trágico accidente; el cervezita es un tipo que se sienta en la esquina y se toma 8 ó 9 cervezas por día, según él son como agua para su organismo, podría tomarse 20 litros antes de emborracharse. El cervezita trabaja, no entendí de qué, pero más que nada la cerveza se la regalan algunos camioneros que pasan por ahí. Había muchos vecinos que decían quererlo mucho y afirmaron que "el barrio no sería igual sin él", por otro lado "el kiosquero de enfrente" (todo un personaje), no dudó en tildarlo de vago, sin vergüenza y otros cariñosos calificativos. El cervezita se reía. Me acuerdo de verlo feliz, muy solo pero contento. Siento cierta envidia de tener esa capacidad de contemplación. Poder sentarse a mirar el mundo funcionar, no tener apuro, hablar con la gente y también, disfrutar de una cervezita. Pero, por lo general, me siento más obligado por otras actitudes.

2 comentarios:

Tavo dijo...

Es una especie de Homero Simpson uruguayo, aunque solitario. ¿Estará tan feliz como parece?

Gurú dijo...

"Siento cierta envidia de tener esa capacidad de contemplación. Poder sentarse a mirar el mundo funcionar...". Dale bo. Él lo único que ve funcionar es esa esquina y el kiosko.
Que cagada, me perdí el programa. Yo lo veía de lunes a viernes durante siete años cuando iba al colegio en el Prado.