
Ayer estaba haciendo tiempo en la sala de computadoras de la facultad, miraba alguna noticia, re-revisaba los mails, pero nada importante. A mi alrededor estaba lleno de gente trabajando, cada uno muy metido en sus asuntos y mostrando prisa, esa que siempre parecen tener esos que van vestidos "para trabajar" como me gusta llamarlos. Traje en los hombres y ropa que no sé cómo se llama en las mujeres. Caminan rápido y hacen ruido con los zapatos, una mano libre y en la otra el maletín, siempre, como una continuación del brazo. De repente, apagón. Todas las pantallas en negro, habitación semi oscura y no más aire acondicionado. Las caras de asombro, indignación y de "no lo puedo creer, encima de todo, esto". Sin más tomaron sus cosas y marcharon. Quedé solo en la sala. Despacio junté las cosas, bostezé y me fui caminando suave y tranquilo. Me di cuenta que a veces está bueno no tener complicaciones ni problemas; estar, tan sólo, por fuera de las circuntancias.
Medio desprevenido me agarró la publicidad de "John Rambo" la nueva película de Stallone. Fue una alegría inmensa, yo sabía que algún día pasaría; para los contras, para los que creían que no volvería, para los que dicen que es mal actor, ahí está, de vuelta. John Rambo es la cuarta parte de esta genial saga protagonizada por el gran Silvester Stallone que encarna a un veterano de Vietnam que no logra adaptarse al regresar a la civilización y decide por lo tanto viajar por EE.UU. en busca de sus raíces, encontrándose así con varias aventuras. La promoción la adelanta como: "Rambo: regreso al infierno", vemos que es uno de esos títulos profundos que nos dicen lo jodida que va a ser la película. En cuanto pueda voy a ver esta genial obra de arte apoyando a Silvester que declaró que si la película tenía éxito realizaría una quinta parte. Demasiada emoción sería. Stallone es un genio de la actuación, quién no disfrutó con "el juez", "el especialista", "todas las de Rocky", "Cobra", y otras obras majestuosas que me puedo estar olvidando, las caras que pone, el sufrimiento en su rostro y su firma registrada: el labio hacia un costado para decir frases iluminadas como: "yo soy la ley", "veo tres Dragos" o el grito de dolor de "Adrianaaaaaaa". 


