martes, 22 de abril de 2008

El Oso Arturo

Hay personajes que marcan la vida de la gente, uno de ellos es el Oso Arturo, un grande, un maestro, un ejemplo y algo más. Hay un antes y un después del Oso Arturo, es más, algunos de sus discípulos no utilizamos la división común de: antes de Cristo y después de Cristo, sino que usamos A.O.A. y D.O.A., con su evidente significado.
El querido oso, amado por todos, nació en una humilde familia de osos hormiguero en el sur de Argentina, desde chico soñaba con brillar en la T.V. A los ocho años sufrió un quebranto emocional por el rechazo de sus pares, porque él, a diferencia de los demás, no comía hormigas. Este trauma lo persiguió día y noche hasta que se cansó (el trauma se cansó). El 3 de marzo de 1978, Arturo decidió dejar su pueblo e ir en busca de la fama. Fue contratado en una fumigadora y de esa forma conoció a Marcelo Hugo Tinelli. Mientras recibía varios golpes por parte de su jefe, al negarse a comer unas hormigas del jardín de la casa de los Tinelli, Marcelo Hugo observó tal situación y vio tras el sureño oso el talento que andaba buscando para su programa. Fue así que el Oso Arturo apareció por primera vez en la T.V. De inmediato acaparó la atención de grandes y chiquitos y no negó amor y felicidad a quien lo pidiera. Los años pasaron y el oso brillaba tanto que sus compañeros usaban lentes de sol al saludarlo. La industria del tatuaje creció en un 90 por ciento en esos años ya que todo el mundo quería un tatuaje del oso; compraban camisetas, gorros, ropa interior, tazas y toallas con la cara de Arturo. Pero como tantas historias de fama y gloria, la del Oso Arturo tuvo también un final dramático. El 2 de julio de 1998, Arturo había ido hasta el almacén en busca de unas tortas fritas y cuando regresaba uno de sus fans arremetió contra él y le dio seis disparos acabando con su vida. Para evitar la revuelta social, crearon un traje idéntico a Arturo y pusieron dentro de él a Robert "el bola" Lima, pero pronto la gente empezó a desconfiar y la producción de Videomatch optó por sacar a "el bola" del país, refugiándolo en la cueva de Bin Laden en algún punto o raya de este planeta.

En la foto, la tapa de uno de los discos del oso.


p.d.: Oso Arturo, estamos contigo.

miércoles, 9 de abril de 2008

De lo triste y vergonzoso

Esa necesidad constante de mostrar homosexuales en los medios me da asco. Es un signo evidente de la decadencia mundial. Prendo la tele y tengo que ver eso, ese "programa de televisión" que se llama "Puglia y compañía". Aparece el famoso periodista-cocinero con una manada de homosexuales dándole vueltas como moscas a la basura. Además del notorio "toque" femenino de Puglia, está Petru Valenski (disfrazado de mujer), otro que le dicen "Juanse" y otro con una caravana que sumada a su aspecto da un resultado muy cercano a Elton John. "Que cada cual haga de su culo un pito", como dice Aristóteles; ya está, no me voy a poner a discutir de las libertades o falta de ellas que tienen los homosexuales . Sólo quiero decir que me da lástima y verguenza ajena que se caiga en esa idea de que para que un programa tenga éxito tiene que tener un "diferente", es como cuando meten a un chino o a un negro forzosamente en un elenco o algo similar, es discriminación al fin y al cabo. Las cosas se tienen que dar naturalmente, si un periodista va a estar en un programa, que lo haga por sus méritos profesionales y no por su condición sexual. Me parece que es una mierda más que le copiamos a los argentinos y que no aporta nada positivo. El año pasado miré un par de veces el programa de Puglia, me parecía un programa del montón y hasta a veces bueno, pero ahora, ahora sí que no, no lo puedo soportar. Es triste.


P.D.: Disculpen el tono agresivo pero me molestan mucho este tipo de cosas.

miércoles, 2 de abril de 2008

Niño y oveja


El domingo pasado, cerca de mi casa, vi a un niño (si es que eso entraba en la categoría de niño) subido a una oveja que estaba atada. La golpeaba con su mano una y otra vez en la parte posterior, cual jinete a su bagual, mientras sacudía la cabeza y daba gritos cortos. Para rematarla, le había colocado un casco de moto a la oveja. El casco estaba recortado de una manera tal que la cara de la oveja salía por el agujero central y la cabeza encajaba perfectamente en la parte superior del casco, al igual que los bordes inferiores se ajustaban a la mandíbula del animal; me recordó a los cascos que se utilizan para jugar al béisbol. Mi asombro fue absoluto, no podía terminar de disfrutar ese increíble panorama. Miraba una y otra vez, tratando de discimular, no sea cosa de molestar a la fiera (al niño), trataba de no pestañar para poder meter en esos segundos la mayor cantidad posible de imágenes en mi cabeza. El contraste entre el niño desquiciado y la oveja, vieja y gorda, que se movía lentamente ante tales azotes fue magnífico, seguí de largo tratando de digerir la escena que acababa de apreciar, me fui riendo, recordando cosas similares que de niño hacía...